La Capilla

Levantada con fe

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La capilla de la Virgen de los Ojos Grandes fue la obra de un gran arquitecto, de extraordinarios artistas y de cientos de personas cuyos nombres apenas conocemos.

El Cabildo impulsó el proyecto y reunió a algunos de los mejores maestros del momento. Fernando de Casas Novoa diseñó la nueva capilla. Miguel de Romay realizó el gran tabernáculo de la Virgen. Lucas Ferro Caaveiro dirigió la ejecución de la obra y Miguel Antonio García Bouzas asumió buena parte de la decoración pictórica. Junto a ellos trabajaron canteros, ensambladores, doradores, carpinteros y numerosos oficiales que hicieron posible una de las grandes realizaciones del barroco gallego.

Pero levantar una obra de esta envergadura exigía, además de talento, un enorme esfuerzo económico.

Los libros de Fábrica conservan el recuerdo de numerosas aportaciones destinadas a hacer posible la nueva capilla. El Cabildo asumió una parte muy importante del coste de la obra, muchos canónigos contribuyeron con sus propios recursos y el obispo Manuel Santa María Salazar realizó una importante aportación personal que permaneció discretamente oculta durante años.

Una obra de todo un pueblo
Interior de la capilla de la Virgen de los Ojos Grandes

Fe y generosidad

Una obra de todo un pueblo

Junto a los grandes benefactores aparecen decenas de donantes anónimos: personas que entregaron unos pocos reales, dejaron una manda en su testamento o depositaron una pequeña limosna.

La cuantía de cada aportación era secundaria. Lo verdaderamente importante era el deseo de participar en una obra que los lucenses sentían como propia y que habría de expresar su devoción a la Virgen.

La capilla de la Virgen de los Ojos Grandes no nació únicamente del talento de grandes artistas ni de la generosidad de unos pocos benefactores. Tras su esplendor se encuentra también la contribución humilde de innumerables personas cuyos nombres, en muchos casos, no han llegado hasta nosotros.

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