La Capilla

Transformó la catedral

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Tomada la decisión de levantar una nueva capilla para la Virgen de los Ojos Grandes, el Cabildo tuvo que afrontar un reto mucho mayor

Convertir aquella idea en realidad.

No era una tarea sencilla. Los recursos económicos eran limitados. Encontrar un lugar adecuado dentro de la Catedral exigía reorganizar espacios consolidados desde hacía siglos y cualquier intervención requería el acuerdo de quienes tenían derechos sobre las capillas afectadas.

Por eso, el primer proyecto fue mucho más modesto. En 1725 se llamó a Fernando de Casas Novoa, maestro de obras de la Catedral de Santiago, para diseñar una nueva sacristía junto a la antigua capilla de San Eugenio. La propuesta consistía en trasladar allí la sacristía y aprovechar el espacio que esta dejaba libre para construir un camarín destinado a la Virgen.

Era una solución práctica.

Pero el Cabildo comprendió pronto que no respondía a la importancia que la devoción a la Virgen había alcanzado en Lugo.

Si la Patrona ocupaba un lugar central en la vida de la ciudad, también debía ocupar un lugar excepcional dentro de su Catedral.

El proyecto cambió por completo.

Hubo que negociar con los patronos de la antigua capilla de San Miguel, reorganizar la girola y asumir el enorme esfuerzo económico que suponía una obra de esta envergadura. Finalmente, el acuerdo fue posible.

El 7 de diciembre de 1726, el obispo Manuel Santa María Salazar colocó la primera piedra de la nueva capilla.

No iba a ser una reforma, ni una ampliación.

Nacía un espacio completamente nuevo, concebido para convertirse en el corazón de la devoción a la Virgen de los Ojos Grandes y en una de las grandes realizaciones del barroco gallego.

Pero levantar los muros era solo el principio

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